Anoche salí con un grupo de amigos y siempre, pero siempre siempre sin excepción nos ocurre algo épico y para el recuerdo, que más adelante contaremos como una anécdota con la que partirnos el culo (perdón pero a veces soy muy mal hablada jeje). Llegué a casa con una sonrisa de oreja a oreja y me sirvió de inspiración para hablar sobre la familia que se elige.

La vida se basa en un continuo vaivén de personas. Muchas de ellas estarán destinadas a quedarse contigo para siempre y otras marcarán un punto decisivo en tu vida pero poco a poco desaparecerán. Como siempre dice mi madre (mujer sabia donde las haya): “Esa persona no estaba destinada a formar parte de tu camino”.

No todo el mundo, a medida que se hace mayor, tiene la suerte de decir que sigue contando con sus amigos de la infancia. Esas personitas que te han visto crecer, con las que has ido madurando y con las que has vivido la mayor parte de tus “primeras veces”: tú primer noviete, tus logros en la escuela, tus aventuras más locas. En mi caso, no cuento con todas las que éramos cuando era pequeña, pero sé que conservo a las mejores. Por eso, sé de qué hablo cuando digo que existen diferentes circunstancias que llevan al distanciamiento. Con 22 añitos que tengo ya y a pesar de estar estudiando fuera de mi ciudad natal, cada vez que vuelvo a casa mis niñas están ahí y aunque cada una tengamos nuestras vidas, siempre sacamos un hueco para estar juntas como en los viejos tiempos. Esa suerte no la tienen todos. Además que quien quiere conservar algo lo cuida y a mis amigas de la infancia no las cambiaría por nadie.

A medida que uno crece, ya sea en el instituto o en la universidad conoce a gente nueva y yo tengo la suerte de haber conocido a personas de calidad, con las que sé que podré contar para siempre y que son tan marcianas como yo que cuando me entra la vena de locura máxima no me siento una extraña. Gente que consigue que te sientas en casa, como si las conocieras de toda la vida.

Los amigos son personas que te ayudan, que te aconsejan, que te escuchan (ya sea hablar de tu novio 200000 veces al día o que te enfadas con tus padres cada dos por tres como en mi caso). Los que están en las alegrías y en las penas. Con las que puedes quedar a desayunar, para salir de fiesta o simplemente para sentarte en un banco a charlar y sentirte la mar de cómoda. En ciertas ocasiones pienso que si en algún momento de mi vida hubiese hecho las cosas de manera distinta, alguna que otra persona seguiría conmigo, pero bueno, de todo se aprende en esta vida.

Lo más bonito de todo es cuando juntas a tus amigos de toda la vida, con las personas que has ido conociendo a medida que te haces mayor, creando una gran familia.

Solo me queda dar gracias por la familia que he elegido (sé que no lo podría haber hecho mejor) y proponer un brindis por las personas auténticas, es decir, un brindis por vosotros.

Los buenos amigos se cuentan con los dedos de las manos e incluso a veces sobran como suele decirse, pero ¿para qué querer más? Si a los mejores me los he llevado yo ;). Por lo que llevamos a cuestas y por todo lo que nos queda por vivir.

Dedicado a Roxana, Angie, Isa, Alba, Maribel, Sebas, Pelayo, Costa y Juanan. Os quiero.

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Un comentario sobre “La familia que se elige.

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