Las almas gemelas existen, y quien diga lo contrario que nos mire a nosotros, que nos conocemos mucho antes de lo que nos podíamos imaginar. Podemos referirnos a esto como casualidad, pero yo prefiero llamarlo destino.

DESTINO, curioso término ¿verdad? Muchas veces cuando hablamos de él, creo que no somos conscientes de lo que puede significar y del hecho de que dos personas puedan estar conectadas desde un principio. El famoso hilo rojo..

¿Cómo os quedaríais si supierais que la persona con la que ahora mismo compartís vuestra vida estuvo en la misma habitación de hospital que vosotros al nacer? ¿O qué vuestra abuela tuvo que cogerlo en brazos en más de una ocasión porque el niño salió muy llorón? Sorprendente ¿no? Pues a veces la vida te brinda cosas como esta, inimaginables.

A nosotros nos costó mucho esfuerzo comenzar ya que hace unos años éramos unos tontos inocentes. Pero todo esfuerzo tiene su recompensa y yo llevo casi tres años disfrutando de ella.

Nuestra historia está cargada de momentos buenos y malos. De aventuras y ocasiones especiales que merecen la pena ser contadas. Obstáculos que siempre hemos sabido sobrellevar. Sería muy difícil plasmar en una carta, todas y cada una de las cosas que has hecho por mí, así que solo me queda darte las gracias.

Gracias por ser tú y por elegirme a mí para compartir tu vida. Gracias por abrirte conmigo y dejarme ver hasta la más mínima de tus cicatrices. Saber que a veces te derrumbas y que no siempre se puede ser fuerte te hace más humano y es algo que adoro de ti.

Tengo la suerte de tener conmigo a una persona buena, amable y cariñosa, que ha sido capaz de escuchar mil y una historias una y otra vez. Has sabido aconsejarme siempre de la mejor manera posible y has sabido brindarme tus brazos cuando las palabras sobraban. Has estado conmigo y has sabido levantarme cuando ni siquiera yo misma sabría si podría seguir adelante con todo lo que se me venía a cuestas. Pocas palabras son para lo mucho que te agradezco eso.

Como se suele decir, en los cuentos de hadas todos acaban felices y comiendo perdices, pero ¿sabéis una cosa? Que los cuentos de hadas tienen un pequeño fallo, y es que tienen un final. Lo nuestro es una historia real, como la vida misma que para mi suerte, acaba de empezar y que, si algún día tiene que terminar, que sea cuando seamos dos viejos arrugaditos.

Por ti, por mí y por todo lo que nos queda. Después de todo este tiempo y para siempre.

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